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La expiación era imposible sin encarnación. Hebreos explica por qué al Hijo de Dios “le era necesario ser semejante a sus hermanos en todo”. Tenía que ser así “a fin de expiar los pecados del pueblo” (Hebreos 2:17, NVI).
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No permitas que la Navidad te halle desprevenido. Me refiero a que te prepares en el sentido espiritual. ¡El gozo y el cambio en tu vida serán mucho mayores si estás listo!
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Tanto los pobres como los ricos son bienvenidos a Su reino si se dan cuenta de su necesidad de perdón y si llegan a la fe en Jesús como su Salvador.
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Los planes eternos de Dios se desarrollan en medio de lo ordinario: personas ordinarias en lugares ordinarios haciendo cosas ordinarias. Si llevas una vida ordinaria, esto debería animarte.
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El propósito de nuestra salvación no es nuestra salvación en sí misma. El propósito de nuestra salvación es la gloria de Dios. “Por amor Mío, por amor Mío, lo haré” —dice Dios a través del profeta Isaías acerca de Su plan de salvación— “Mi gloria, pues, no la daré a otro” (Is 48:11).
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No pospongas la prioridad de la oración. Del mejor modo que puedas, trata los tiempos de oración colectiva como tiempos inamovibles. La primera vez que cancelas una reunión de oración —o faltas a una— no es tan grave. Pero la segunda, la tercera y la cuarta vez empieza a decir algo sobre la prioridad de la oración en la vida de tu iglesia.
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