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La Biblia nos llama a vivir de una manera digna de nuestro llamamiento (Efesios 4:1), crecer en conformidad con la imagen de Cristo (Romanos 8:29) y caminar en las buenas obras que Dios ha preparado para nosotros (Efesios 2:10). En respuesta a las misericordias de Dios, debemos presentar nuestras vidas a Dios como sacrificios vivos, santos y aceptables a Él (Romanos 12:1-2). Las siguientes pautas prácticas han sido tomadas de la Biblia para ayudar al cristiano en esta magnífica tarea.
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Defino el discernimiento como la sabiduría tomando una decisión. Algunas mujeres pueden decidir no usar en absoluto las redes sociales. Algunas pueden tomar descansos. Algunas pueden poner límites en sus teléfonos para monitorear su uso. Algunas pueden publicar una vez al mes. Algunas pueden publicar una vez al día. Necesitamos una mezcla de conocimiento, sabiduría y experiencia para que mejore nuestra habilidad de escoger lo mejor para nuestras vidas, siempre y cuando no esperemos que los demás lleguen a las mismas conclusiones.
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Mientras más me expongo a la Palabra de Dios, tanto más grande será mi fe. De la misma manera, si soy negligente en la lectura de las Escrituras, me expongo a que las ideas fluyan desde el mundo secular hacia mi cabeza, lo cual puede atenuar el ardor de mi fe. Entonces necesito regresar a la Palabra. Mientras leo las Escrituras y digo: «Sí, eso es verdad», mi alma es avivada. Es por eso que necesitamos estar en la iglesia cada domingo en la mañana y no descuidar tales reuniones (Heb 10:24-25). Necesitamos con urgencia esos momentos para concentrarnos en escuchar la Palabra de Dios.
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La limpieza sigue siendo importante en el Nuevo Testamento, pero se convierte en una categoría moral en lugar de ritual. La limpieza se refiere a aquellos actos que son moralmente puros a los ojos de Dios. Así que el principio permanente aquí es que cualquier actividad sexual que te haga impuro es inadecuada para el pueblo de Dios. Pero la pérdida de sangre ya no lo hace a uno impuro.
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El trabajo y las producciones culturales tanto de cristianos como de no cristianos tendrán en ellos elementos tanto idólatras como honrosos delante de Dios. No se deben juzgar los productos culturales como “buenos si los hacen los cristianos” ni como “malos si los hacen los no cristianos”. Cada uno debe ser evaluado por sus propios méritos respecto a si sirve a Dios o a algún ídolo.
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La sumisión por causa del Señor no equivale a servilismo. No conduce a la autodestrucción, el sofocamiento de los dones, la personalidad, la inteligencia o el espíritu.
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El apóstol Pablo manda a los hijos y nietos a proveer para las necesidades económicas de sus madres y abuelas viudas antes de pedirle ayuda a la iglesia (1Ti 5:4). De hecho, él condena como peores que incrédulos a los que no cumplen esta obligación básica para con la familia (1Ti 5:8).