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Dios nos hace orar porque allí debemos testificar el deseo y alta estima que tenemos por la misericordia pedida. ¿No decimos que es de poco valor aquello por lo que no vale la pena pedir? (…) De ahí es que Dios ama las oraciones de lucha y fervor.
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Cualquiera que se compromete a cualquier cosa en la religión o la adoración divina sin [la ordenación o designación de Dios], además de ella, más allá de ella, es un transgresor y por lo tanto adora a Dios en vano.