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La Escritura asume que si verdaderamente hemos experimentado el perdón en el evangelio, estaremos radicalmente perdonando a los demás. En contraste, no perdonar, o tener resentimiento o amargura hacia los demás, es un rasgo muy claro de que no estamos viviendo el gozo profundo ni la libertad del evangelio.
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Amar a nuestras esposas como Cristo ama la iglesia implica expresar un amor clemente al ser paciente con las ofensas de nuestras esposas, sean estas ofensas grandes o pequeñas.