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La limpieza sigue siendo importante en el Nuevo Testamento, pero se convierte en una categoría moral en lugar de ritual. La limpieza se refiere a aquellos actos que son moralmente puros a los ojos de Dios. Así que el principio permanente aquí es que cualquier actividad sexual que te haga impuro es inadecuada para el pueblo de Dios. Pero la pérdida de sangre ya no lo hace a uno impuro.