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Dios creó las emociones para que pudiéramos expresárselas a Él. Él no espera que las mantengamos reprimidas. Pero tampoco quiere que las derramemos ante otras personas en chismes, calumnias o quejas. Lamentablemente, el primer instinto de muchas mujeres es desahogar sus emociones en las redes sociales en lugar de derramar sus corazones delante de Dios.
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Es posible que no seamos capaces de rastrear la fuente de cada emoción, pero podemos saber lo que Dios quiere que hagamos con cada emoción: llevarla a Él. Y esta, amigas, es la lección más importante de todas.