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Todo lo que necesitaba, tanto en el cielo como en la tierra, era al Señor. Aunque su carne y su corazón desfallecieran, Dios era su fuerza y su porción para siempre (Sal 73:23-26).
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Reconoce y proclama los maravillosos actos diarios de Dios y tendrás una nota de alegría como música de fondo para tu vida.
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Pablo es claro —desear ser rico es mortal. ¿Cómo podemos protegernos de esos efectos mortales del dinero? Respuesta: con un corazón que esté contento en Dios.