• La autoridad de Dios: qué es y cómo se muestra

    La autoridad de Dios es Su derecho de decir a Sus criaturas lo que deben hacer. El control tiene que ver con Su poder; la autoridad tiene que ver con Su derecho. El control significa que Dios hace que todo suceda; la autoridad significa que Dios tiene el derecho de ser obedecido y, por tanto, nosotros tenemos la obligación de obedecerle.

  • Cuando nos quejamos de nuestros cuerpos nos estamos quejando contra Dios

    Si estamos continuamente expresando inconformidad con nuestra apariencia física, no es algo que debemos tomar a la ligera. Nuestro descontento con nuestro cuerpo no es algo inofensivo, y tampoco es una razón legítima para sentir lástima de nosotras mismas. Si Dios nos hizo teniendo cuidado de cada detalle, con Sus propias manos, entonces podemos confiar en Su sabiduría y Su bondad.

  • Jesús: no solo es el autor de la salvación ¡hay más!

    A él se lo llama “autor de la salvación” y “autor... de la fe” (Hebreos 2:10; 12:2). Este título posee amplias connotaciones. La palabra griega traducida por “autor” es archēgos. Expresa la idea de un líder. Alguien que va a la cabeza de un grupo abriendo camino para los demás.

  • La obra soberana del Espíritu Santo

    Spurgeon era tan valiente como un león al proclamar el mensaje salvífico de Cristo. Su valentía venía de su confianza en que el Espíritu Santo cambiaría los corazones de los que han sido escogidos para creer en Cristo. En pocas palabras, Spurgeon sabía que el Espíritu garantiza que la Palabra de Dios no volverá vacía. La gracia irresistible es una gracia triunfante.

  • ¿Cómo se hacen discipulos?

    En el Nuevo Testamento, la proclamación de la Palabra es el medio básico por el cual surgen y crecen los aprendices de Cristo. Incluso se podría decir que solo hay una actividad fundamental en la tarea de hacer discípulos —comunicar la Palabra de Dios— y que todos los demás elementos describen al Espíritu que capacita a quienes la comunican y la manera en que estos lo hacen.

  • ¿Cómo usar la humildad para luchar contra la impureza?

    Hijo de Dios, ¡considera tu salvación y sé humilde! Eras un pecador inmundo y miserable. Tu vida estaba llena de rebeldía y odio. Estabas perdido y no tenías ninguna posibilidad de ganarte la salvación por ti mismo. Aun en tu estado lamentable, el amor, la bondad y la compasión de Dios aparecieron en la persona de Jesucristo para salvarte. Esta salvación sucedió, no por algo bueno que hayas hecho, sino simplemente porque Dios es amoroso, bueno y misericordioso. Él no tenía que salvarte. No hiciste nada para merecerlo. Y habría sido perfectamente justo que Dios te dejara en tu pecado, condenado por toda la eternidad.