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Amar a nuestras esposas como Cristo ama la iglesia implica expresar un amor clemente al ser paciente con las ofensas de nuestras esposas, sean estas ofensas grandes o pequeñas.
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Dios es paciente con Sus hijos en cuanto a su pecado. Es paciente con nosotros mientras progresamos en el camino de la santificación, perdonando nuestros pecados una y otra vez. Es paciente para rescatarnos a Su tiempo.
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La Biblia dice que fieles son las heridas de un amigo (aunque siguen siendo heridas), y que son mucho mejores que los besos de un enemigo (Pro 27:6). En el matrimonio, tenemos que aprender a recibir ese tipo de palabras de nuestro cónyuge.
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Tristemente, muchos de nuestros hijos quieren tener toda la libertad que disfrutan los adultos antes de estar listos para asumir las responsabilidades que vienen con esos privilegios. A veces se…
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El hecho de que alguien profese ser creyente no es suficiente. La Escritura nos advierte que muchos de los que afirmaban ser seguidores de Jesús demostraron que mentían (Lc 8:13-14; Stg 2:14-26; 1Jn 2:19). Al considerar el matrimonio, debes ir más allá de las palabras de una persona y buscar evidencia de que tiene una relación viva con el Señor. Jesús dice que “por sus frutos los conocerán” (Mt 7:20). ¿Demuestra el fruto del Espíritu Santo (Gá 5:22-23) o se caracteriza por las obras de la carne (5:19-21)? ¿Es un miembro comprometido que sirve en una iglesia bíblica? ¿Tiene una buena reputación con los líderes de su iglesia? Todos estos son buenos indicadores del verdadero estado espiritual de una persona.
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Podemos estar confiadas de que Dios oirá nuestras oraciones, nos ayudará y reforzará nuestra esperanza en Él por lo que Cristo ya hizo por nosotras en la cruz. El orgullo nos lleva a preocuparnos por el mañana como si pudiésemos controlar el resultado con nuestra ansiedad.