• Los sufrimientos de Minneapolis: Una oración por la ciudad

    Padre todopoderoso y misericordioso, santificado sea Tu nombre en Minneapolis. Venerado, admirado y honrado sobre todo nombre, en la iglesia, en la política, en los deportes, en la música, en el teatro, en los negocios, en los medios, en el cielo o en el infierno. Que Tu nombre, tu realidad absoluta sea el mayor tesoro de nuestras vidas. Y que tu eterno y divino Hijo, Jesucristo nuestro Señor, crucificado por el pecado, resucitado de los muertos y reinando para siempre, sea conocido y amado como la persona más grandiosa de esta ciudad.

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