-
Es posible que no seamos capaces de rastrear la fuente de cada emoción, pero podemos saber lo que Dios quiere que hagamos con cada emoción: llevarla a Él. Y esta, amigas, es la lección más importante de todas.
Es posible que no seamos capaces de rastrear la fuente de cada emoción, pero podemos saber lo que Dios quiere que hagamos con cada emoción: llevarla a Él. Y esta, amigas, es la lección más importante de todas.