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Es el deber y privilegio de cada cristiano estar unido a la iglesia de Cristo. También, es nuestra solemne responsabilidad no dejar de congregarnos con los santos en adoración corporativa, estar bajo el cuidado y disciplina de la iglesia, y estar activamente involucrados como testigos en la misión de la iglesia.
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No existe ninguna idea por parte de Jesús, de Pablo o de alguno de los otros autores bíblicos que enseñe que podamos ser discípulos por nuestra cuenta.