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Debido a que Cristo recibió justicia en la cruz, nosotros recibimos misericordia. Como Cristo ya pagó por nuestra culpa, Dios sería injusto si ahora se negara a perdonar nuestros pecados.
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Los piadosos resucitan por el poder de Cristo, Su Redentor, quien los levanta de tal manera que sean partícipes de los beneficios de Su muerte (Heb 3:14) –disfrutar tanto en cuerpo como alma del Reino de los cielos que Él amorosamente ha comprado para ellos.
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Un punto de vista, llamado expiación ilimitada, afirma que Cristo murió por cada ser humano. El otro punto de vista, llamado expiación limitada, expiación definitiva o redención particular, afirma que Cristo murió solo por los elegidos, es decir, solo por aquellos que en el plan de Dios serán finalmente salvos.
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El cristianismo ortodoxo ha insistido en que la expiación implica sustitución y satisfacción. Al llevar sobre sí mismo la maldición de Dios, Jesús satisfizo las demandas de la justicia santa de Dios.
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Es el deber y privilegio de cada cristiano estar unido a la iglesia de Cristo. También, es nuestra solemne responsabilidad no dejar de congregarnos con los santos en adoración corporativa, estar bajo el cuidado y disciplina de la iglesia, y estar activamente involucrados como testigos en la misión de la iglesia.
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Cristo, que es el Templo de Dios, también es la escalera: Aquel en quien el cielo baja a nosotros y por medio de quien nosotros subimos al cielo.