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Los israelitas debían untar la sangre en los marcos de sus puertas precisamente porque eran tan culpables como los egipcios y, si querían evitar el juicio de muerte, necesitaban a un sustituto que muriera en su lugar. La sangre sería untada en los postes de las puertas no porque Dios no pudiera distinguir quién vivía en cada casa, ¡sino porque puede! Él sabe que hay pecadores dentro.
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Si la Pascua era un símbolo, la realidad es Cristo. Él es nuestro Cordero pascual, quien murió en nuestro lugar. Él es el cumplimiento de la promesa hecha en la Pascua.