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Existen muchísimas formas en que podemos usar nuestros dones y capacidades para el beneficio de otros. Ciertamente, como cristianos, podemos encontrar algo que hacer que beneficie a los demás mientras honramos a Dios, incluso si al final obtenemos un ingreso menor.
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Dios miró el pináculo de Su creación, el hombre que llevaba Su imagen, y declaró: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2:18).