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El legalismo y el antinomianismo tienen sus raíces en la caída de Adán. Toda la humanidad está predispuesta a estos dos errores morales y teológicos. En consecuencia, han surgido innumerables formas de legalismo y antinomianismo a lo largo de la historia. El legalismo y el antinomianismo son la base de todo tipo de falsas enseñanzas y herejías.
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Los cristianos no solo somos llamados a defender la fe, sino también a «contender por la fe» de forma proactiva. La Iglesia debe ser proactiva en la promoción de la verdad de la fe cristiana, exponiendo, refutando, reprendiendo y corrigiendo los errores teológicos.