-
Dios tiene preparado para nosotros un banquete de celebración, pero no cuando finalmente salimos del valle tenebroso, sino cuando estamos en medio de él.
-
Él no nos ama por lo que puede obtener de nosotros, sino por lo que somos. Así que la máxima sabiduría es amar a Dios simplemente por quien es Él.
-
La mujer que decide mirar a Dios cuando es maltratada llegará a ser más hermosa a través del sufrimiento. En su cara no se verán las marcas de la amargura ni un rostro perturbado.
-
Debemos enseñar con el ejemplo. Hace muchos años, un amigo me escribió una nota que decía: “Tus palabras hablan y tus pisadas también, pero tus pisadas hablan más alto que tus palabras”.
-
La oración es derramar nuestros corazones a Dios en alabanza, petición, confesión de pecado y agradecimiento.
-
No existe ninguna idea por parte de Jesús, de Pablo o de alguno de los otros autores bíblicos que enseñe que podamos ser discípulos por nuestra cuenta.